miércoles, 28 de enero de 2009

Internet + Beatriz Sarlo



Cansado de las noticias tradicionales referentes a internet y al avance de las nuevas tecnologias, me puse a buscar alguna info que nos haga pensar un poco mas alla de lo que leemos de manera cotidiana; es por eso que entre a Google y escribi Inernet + Sarlo y el resultado fue el siguiente.

Si usted quiere enterarse de los motivos por los cuales Chabán pudo salir en libertad condicional, por favor no mire televisión. Lea diarios sobre papel o en Internet. También si quiere enterarse de por qué los franceses rechazaron la Constitución de la Unión Europea, un suceso de importancia sólo evidente para algunos diarios o los canales internacionales de noticias que, por supuesto, no se ocupan de Cromañón ni de Chabán. En consecuencia, si quiere ahorrar tiempo y concentrarse sólo en un medio, vaya a los diarios. Uno y otro acontecimiento son de dimensión poco comparable, pero ambos requieren cierta complejidad de razonamiento que parece negada a la TV argentina, si se exceptúan dos o tres programas periodísticos dirigidos, casi sin excepción, por gente que pertenece a la prensa escrita y que se ha formado en ella pero a quienes la televisión impone su cerrado localismo. No quiero decir con esto que los diarios argentinos son invariablemente buenos; comparados con sus equivalentes de otros países, no son los mejores. Sólo señalo que lo escrito (se lea sobre papel o en Internet) tiene menos facilidad para convertirse en un discurso brutal, maniqueo, simplificador, seguidista de los sentimientos con los que especula para competir por la audiencia. Aunque al principio causó el pánico de quienes probablemente no habían navegado nunca, Internet representa una esperanza de sobrevida de lo escrito y hoy tiene un potencial periodístico incomparable: casi todos los diarios están allí. Es una masa gigantesca de textos, además de jueguitos, pornografía, páginas bobas, chat-rooms y publicidad. Navegar buscando información es bastante más difícil que encontrarla en tres estantes de libros, pero si se navega bien se encuentra infinitamente más.

Un detalle ingrato: para navegar bien es necesario no sólo leer sino saber orientarse de un modo desconocido hasta hace diez años. Internet no tiene buenos índices, aunque se pueda acceder a millones de páginas a través de buscadores veloces y todavía rudimentarios. Sin índices, lo que se encuentra depende de la formación intelectual, de la rapidez, de la capacidad para sacar conclusiones, hacer asociaciones, recordar con precisión: es decir, todos los atributos de un buen lector adiestrado en los libros y no en la bajada de canciones en formato MP3.

El entrenamiento que se adquiere como público de televisión no sirve para Internet, aunque quienes la conocen poco piensen que los que se atracan con miles de imágenes televisivas por día están preparados para pasar de la velocidad de un videoclip a una página sobre geografía tibetana o literatura expresionista. Hasta hoy, Internet tiene más que ver con la posibilidad de entender escritos que con la de deglutir imágenes.

Chabán o la Constitución Europea (elija qué le interesa más) son más comprensibles por escrito que en la televisión. Los que no leen están en desventaja frente a los que leen; y los que leen bien tienen ventaja respecto de los que leen más o menos. Hay toneladas de basura escrita, publicada todos los días; trillones de gigas comunicando pavadas. Sin embargo, el peor de los diarios, al que se accede desde el kiosco o la computadora, permite pensar mejor que la media de los noticieros televisivos de cable y la totalidad de los noticieros de los canales abiertos.

Si esto es así, hay que volver a la pregunta ¿cómo se forma un lector?, que no supe responder la semana pasada cuando me la hicieron. Sigo sin saber cómo se forma un lector de literatura, alguien preparado para aceptar la ambigüedad de textos complejos que no entregan fácilmente su sentido.

Pero tendría que tener algunas ideas sobre cómo se forma un lector para ser un ciudadano que no se mueva únicamente por lo primero que le llega a la cabeza desde el depósito de los prejuicios. Aquí está una clave de la democracia, salvo que se la piense como un régimen que no necesita de ciudadanos sino solamente de votantes periódicos que, durante el resto del tiempo, se dedican a ser público audiovisual.

Publicado por Clarin en el año 2005.

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